El otro precio del COVID-19: cuando la mente es la que sufre

¿Es normal sentir angustia, miedo o tristeza? ¿Estamos obligados a salir de esta crisis “con una habilidad nueva”?

PULSO, salud a la vena

Todo se ha complicado. Tantos avances médicos y estamos todos encerrados porque no hay cura para este virus. Todo lo que dábamos por sentado cambió en un abrir y cerrar de ojos. Y de pronto, un día, paró el mundo. Paramos.

La pandemia de COVID-19 no solo ha traído complicaciones de salud física: ha cambiado la manera en que estamos acostumbrados a vivir. Nuestras rutinas, nuestros trabajos, nuestra forma de relacionarnos, nuestros planes a futuro no son los mismos, y problablemente cambiarán permanentemente más allá de la cuarentena.

Todo esto se ha convertido en un caldo de cultivo para que estemos alterados, estresados, preocupados por el futuro, por las cuentas que se acumulan, por la incertidumbre, porque ahora nada nos garantiza que volveremos a la normalidad o si la “nueva normalidad” que nos aguarda será mejor o peor.


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