Por qué renuncié al evangelicalismo

Me han preguntado varias veces por qué digo que “no soy cristiana”. Antes de responder, SIEMPRE debo corregir tamaño error: he renunciado -irrevocablemente- al evangelicalismo, no al cristianismo. No, no es lo mismo. Tampoco me “he vuelto” protestante (tampoco es lo mismo) ni he abrazado ninguna otra religión, pero como a la gente le encanta la etiqueta, digamos que soy CRISTIANA NO CONFESIONAL, lo cual quiere decir que no me adhiero a ningún tipo específico de dogma o doctrina más allá de lo que Pablo señala como las bases de la fe.

“¿Por qué, Mary, por qué después de tantos años?” Déjenme decirles que salvo un pequeño período, siempre, siempre, siempre tuve problemas para aceptar y seguir las “reglas” (porque eso es lo que son: reglas) de la religión evangélica, siendo uno de los primeros roces mi forma de vestir, seguido por mi forma de hablar y terminando por mi forma de pensar: ahí están las publicaciones en mi antiguo blog y mis constantes cambios de congregación como muestra de mi desacuerdo.

Dicen que quien hace lo mismo esperando un resultado distinto está loco y con la madurez, debí tomar una decisión pues uno no puede vivir con tantas inconsistencias entre sus valores y los ajenos.

Siempre he pensado que si Dios no hubiese querido que pensemos no nos hubiese dado cerebro, y si no hubiese querido que tomemos decisiones no nos hubiese dado libre albedrío. En ese sentido, me opongo a cualquier movimiento, religión, organización, club y similar que promueva la uniformización del pensamiento. Ahí están los más de 3 millones de judíos muertos por el pensamiento único, solo por dar un ejemplo.

También me opongo a la uniformización de la moral como forma de política de Estado o política de “iglesia”, más allá, por supuesto, de los arreglos que la sociedad en la que uno vive ha convenido o la congregación y sus dogmas a la cual se han adscrito. Allí están los resultados de la Inquisición, solo por dar otro ejemplo.

Creo firmemente en que cualquier forma que impida la libertad de la persona, sea de acción o de pensamiento, contraviene el principio mismo de la voluntad del Creador: el libre el albedrio.

Y por otro lado, no puedo pertenecer a una organización con serias inconsistencias entre lo que dice creer y lo que realmente cree, que toma un modelo y su nombre (en este caso Jesucristo), para hacer lo que él no hizo ni haría, y que se pasó décadas “denunciando” la intromisión política (y pagana) de cierta organización religiosa (sí, si, ya saben cuál) para terminar haciendo lo mismo sin una pizca de remordimiento y más bien, usando los mismos argumentos bíblicos descontextualizados y acomodados a su conveniencia. Así que no me vengan con cuatro cosas, que yo salgo con cinco.

Quisiera seguir dando mis razones, pero ya pa’ qué si con lo que he dicho es más que suficiente…tal vez solo agregar que no creo que la Biblia SEA la Palabra de Dios sino que CONTIENE la Palabra de Dios.

Ahora si…aunque me excomulguen.

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