Mala letra

Kaixo, hola, hello! Cuánto tiempo… Supongo que si estás leyendo esto ya sabrás que antes tenía un blog llamado “La mala letra de una geisha”. Me lo borraron hace un tiempo. Perdí el blog y todos los textos porque el dominio no era mío. ¡Ay! La geisha y sus aventuras… qué recuerdos. Mientras escribo esto tengo la sensación de que está renaciendo una parte de mí que tenía olvidada. Yo no soy la geisha pero la geisha es parte de mí. 

Para estrenar este blog os voy a contar el porqué del nombre. “Memorias de una geisha” es una película que me marcó de por vida. Recuerdo que la vi con mi madre y quedé fascinada. Yo era adolescente y como cualquiera en plena pubertad, sentía cada emoción con la explosividad con la que se viven las primeras veces. Mucha pasión y poca capacidad de gestión.  

Cuando empecé a escribir era porque no sabía mostrar al mundo lo que sentía. Escribir me hacía reafirmar que mis sentimientos eran reales. Soñaba con poder compartirlos algún día y, mientras me preparaba para hacerlo, confié en el bolígrafo como cómplice porque sabía que no me juzgaría. A Chiyo, la protagonista de la película, la adoraban todos. La geisha era complaciente, atractiva e intrigante. Ella era todo lo que soñaba ser, pero yo sólo podía contarlo sobre el papel. Ella era todo en lo que algún día me convertiría. 

Y, ¿la mala letra? Los que me conocéis sabéis que tengo mala letra. Sí. Pero creo que tiene un motivo. Siempre que escribo estoy abrumada por mis propios sentimientos y pensamientos. La euforia y la frustración son los motivos principales que me han empujado a escribir. Nunca se entiende bien y puede que esa sea mi intención en el fondo. 

“La mala letra de una geisha” dejó de existir y yo dejé de escribir hace algo más de un año. La calma llegó a mi vida y solté el teclado del ordenador y el bolígrafo. Logré domar mis sentimientos y dejé de sentir la necesidad de escribir. Entonces, ¿por qué vuelves a abrirte un blog? te preguntarás. 

¿Sabes? Aunque odiase la adolescencia y aunque ahora sienta la calma con la que entonces solamente podía soñar, echo de menos esa intensidad. Perdí la exaltación cuando perdí las primeras veces, recuperé el silencio callándome yo primero y ahora tengo la primera puerta abierta al público pero casi nadie puede llegar adentro. 

¿Puedo escribir si he dejado de empaparme de cada persona? ¿Puedo hablar de sentimientos si ninguno me atormenta? ¿Cómo sé si sigo teniendo mala letra si escribo con un Arial 11 desde la calma de mi cama? No tengo la respuesta para ninguna de las preguntas que he planteado. Solo sé que añoraba escribir y que echo de menos a la geisha. Quizá la geisha ahora escriba desde el placer y no desde la necesidad, y quizás la pausa le ayude a mejorar su letra 😉

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