Los meneos

Hola querido/a lector/a. Quiero empezar pidiendo perdón y dejando claro que no voy a poner ningún tipo de excusa por haber ignorado completamente el blog durante más de un mes. No ha ocurrido nada extraordinario que haya provocado el parón de mis entradas. Soy una sinvergüenza, sin más. 

Este es mi penúltimo día de confinamiento. Llevo casi una semana encerrada en casa y me estoy empezando a preocupar porque le estoy cogiendo el gusto a esto de no socializar. Cuando bajo todas las mañanas a tomarme el café, aunque pueda sonar algo chocante, saber que mi madre y mi hermana están acompañándome en esta aventura, me complace. Además de ellas dos, dos amigas con las que estuve el fin de semana pasado también están confinadas. ¿Casualidad? Sí. Y mucha además. 

Como os decía, estoy preocupada por sentirme tan feliz sin salir a la calle, pero creo que mi hermana lo está aún más. A ella no le está agradando esta situación pero le incomoda que yo, de lo a gusto que estoy en casita, haya dejado en un segundo plano mi aseo personal. A mí no me molesta pero se ve que a ella sí. El caso es que yo no había notado que desprendiera hedor en ningún momento pero, mi hermana, a quien no le da ningún apuro decirme las cosas claras, me dijo “Anne. Sal de mi habitación, tío. Que hueles fatal”. Yo le agradezco que sea tan directa conmigo porque así no tengo que estar leyendo entre líneas, pero joder. Así que descubrí un método infalible. Me obligo a hacer un poco de deporte todos los días y así, como mi propia peste me mortifica, me aseo. Soy una chica con recursos. 

A las dos amigas que están encerradas también las noto trastocadas. Hoy mismo he estado hablando con ellas por el grupo que tenemos la kuadrilla. Resulta que una de las que ha dado positivo, la enfermera, nos ha contado que sus padres habían salido a comer fuera y que él ha vuelto a casa porque no se encontraba bien. Total, que tras mandar el audio preocupada por su padre, quien se niega a contagiarse, nos ha mandado una foto de un antígenos diciendo “La prueba que se ha hecho por la mañana…” Mi amiga ha mandado la foto queriendo recalcar que había dado negativo pero rompo una lanza por mi amiga, y es que la vista no es, por así decirlo, su sentido mejor desarrollado. Era un positivazo. La otra amiga que está encerrada se lo ha dicho y yo lo he corroborado diciendo “tu padre es un tiobueno”. Lo de tiobueno viene porque, para sentirme mejor cuando di positivo en mi test de antígenos, dije que la T nos sale a las tiasbuenas y la C a los cardos. Total, que entonces mi amiga ha mandado otro audio un pelín alterada diciendo que su padre le decía que por la mañana había salido negativo y que como lo ha estado moviendo, pues claro, ha salido el positivo. Mi amiga, muy hábil, ha grabado entonces el jaleo que tenían en casa. Transcribo textualmente. 

Padre de mi amiga grita justificando la T: porque luego le he hecho yo un meneo así como estuviste tú ayer haciendo el chorra…

Hermano interrumpe: Sí y qué. !¿Haciendo meneos salen rayas?!…

El audio lo he guardado en favoritos, obviamente. El grupo se ha encendido, como cada vez que ocurre algo que realmente merece la pena. “El meneo” se ha vuelto el foco de nuestra conversación. Yo he aportado mi granito de arena diciendo “me voy a menear yo ahora a ver si funciona a la inversa y me saco el Covid del cuerpo”. 

A todo esto, esta ha sido mi excusa de hoy para dejar de hacer deporte. Estaba en la cinta de correr cuando ha brotado esta conversación y la verdad es que me he sentido más atraída por el salseo que por la vida saludable. Tampoco ha sido tan grave porque había sudado lo suficiente como para verme obligada a llevar a cabo el aseo diario. 

En mi defensa tengo que decir que parece que lo que me ocurre a mí debe ser bastante común porque hoy ha preguntado la otra amiga que también está encerrada “¿Puede ser un efecto secundario del Covid que me salga tanto pelo? O sea ya no es normal…” ¿Veis? No soy la única que se ha dejado de la mano de Dios. Yo la verdad es que he pensado en la frase “donde hay pelo, hay alegría” porque es que no entiendo a qué puede referirse. En mi caso y en el de mis amigas, y hablo con conocimiento de causa, si al jardín le salen zarzas es porque nadie viene a pasear. 

¿Sabéis? Creo que hoy, a lo tonto, mis dos amigas han encontrado la manera de conseguir que las taras con las que salgamos de la pandemia sean mínimas. El secreto para conservar nuestra paz hogareña y un mínimo de higiene personal está, sin lugar a duda, en los meneos.

Quería terminar este post con ese final redondo pero acaba de venir mi hermana a mi habitación con un antígenos en la mano. Lo miro y están el cardo y la tiabuena marcadas. “Vaya, vaya” le digo. “Bah, pero la T está floja. Esto mañana es negativo”. Y yo pienso “ojalá que no. ¿Quién me va a decir que me duche si me quedo sola?»

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