Los horribles 18

Este sábado estuve hablando con una chica a la que, por alguna razón desconocida, le cogí cariño en cuanto la conocí. Tiene 18 años y me estuvo contando su situación actual. No se encontraba bien mentalmente y yo, desde el punto de vista de alguien que ya ha vivido esas edades horribles, le di un consejo. 

El caso es que ahora, pensando en esa conversación, me ha entrado la curiosidad de saber qué escribía yo a su edad. He leído algunos textos sobre mis primeros amores, desamores y dudas existenciales y me he encontrado con este que escribí a los 18. Me conmueve leerme de esta manera. En esas fechas llevaba solamente 3 meses en Madrid. 

Todo era nuevo, no conocía a nadie y empezaba a empaparme de todo lo que me rodeaba. Fue un año de extremos; viví los momentos más felices y tristes hasta aquel momento y escribir era mi única terapia. Durante mis primeros meses en Madrid lloraba cada noche. Yo era pequeña y la ciudad era inmensa. En Zarautz no había aprendido a conducir y en aquella ciudad arranqué metiendo cuarta. Este texto lo escribí en mi diario online y ahora lo pego tal cual. No quiero cambiar ni una sola coma. Lo escribí con la intención de ser su única lectora pero C’est la vie mon ami… cari, ¡si no querías que lo compartiera no haberlo escrito! 

Chica de 18 años a la que le he dado el consejo con 23, aquí va uno que me di a mí misma con a tu edad:

27/11/2016
-Hoy te noto fuerte, me gustas más que nunca. Te siento segura, me pones. Empiezas a darte cuenta de que la felicidad absoluta no existe, que no tiene sentido buscar a tu media naranja porque la fruta se apocha y es absurdo luchar por la paz mundial porque tú misma te creas tus propios conflictos. Por eso me enorgullece verte crecer, dándote cuenta, yendo más allá. Estás cambiando; lo sé y lo sabes, que no te asuste perder tu sello, que los cambios son changes que pueden ser chances si se hacen bien. Pero hay algo que necesitas recordar siempre y es que sí, te gusta afrontarlo todo sola. Eres fuerte y podrás apoyarte en ti misma; es la razón por la que intentas construir una mente sólida y resistente. Está bien que desees estar en silencio a veces; aislarte plenamente de todo aquel que te rodea, te gusta hacerlo y forma parte de ti. Pero no te engañes, no te creas autosuficiente ni independiente, necesitas sustento, necesitas a gente que te protegerá cuando te resbales y caigas, gente, tu gente. No pienses que hubieras aprendido a andar en bicicleta sola, sin darte cuenta ahí estaban ellos; manteniéndote en equilibrio, sosteniéndote desde detrás, poniéndote otras dos ruedas estabilizadoras por si pierdes el balance. Y si algo falla llevas casco. Y rodilleras y coderas, por si acaso. Pomadas, en caso de que dañes algún milímetro de tu cuerpo y un abrazo y miles de «te quieros» para los posibles traumas causados por el golpecito. Y te han hecho creer que no los necesitas, que has nacido con el don de ir en bicicleta, que puedes hacer el Tour de Francia si quieres y que si lo logras será todo el mérito tuyo. No te lo creas, sin ellos nunca hubieras tenido el valor de montarte en la bicicleta, sin ellos no hubieras tenido nunca una bicicleta… y los has intentado mimar, quererlos; es lo mínimo que podías hacer. Siendo curiosa has intentado conocer a personas que ni ellos mismos conocían. Porque muchos mueren, mueren sin haber sido ellos, sin haber llegado a encontrarse, habiendo vivido una vida que jamás les perteneció. Por eso quiero que aprendas a ser observadora, a analizarte y saber en qué pequeños detalles encuentras tú la felicidad. No busques tu camino, crea uno como te dé la gana, ve a tu bola. Siéndote fiel siempre, amándote y respetándote todos los días de tu vida hasta que la muerte te lleve.  Sigue creando tu mundo, sabes que eres libre. Sueles olvidarte de eso, pero eres libre. Hazte un favor; no intentes entender la vida, tampoco intentes entenderte a ti. Sonríe como lo hace un niño ante la ignorancia del truco de magia. Eso, sonríe como lo estás haciendo ahora, eres valiente, me siento orgullosa de tenerte. Está bien descansar a veces, tómate el tiempo que necesites pero camina hacia delante o hacia atrás, haz lo que te dé la gana, corre dando saltos y girando sobre tu propio eje si quieres. Pero muévete, vive; porque si algo has aprendido es que es cierto que se acaba. Te crees eterna aunque miles de pruebas te demuestren que nadie lo fue. Solo somos una pequeña ración de lo eterno, pero es tu pequeña ración, cómetela como te apetezca. Sé que si lees esto es porque necesitas escucharlo así que léelo cuantas veces quieras. Estoy aquí, siempre lo he estado. No pasa nada, cualquier problema que tengas tiene solución. Confío en que actuarás de manera honrada, sé leal con todos, contigo. No es el fin del mundo aunque te lo parezca, siempre has sido una dramas. Límpiate la cara, postura recta y mirada al frente; te necesitas fuerte, te necesitas segura. Sigue creciendo mi amor, y oye, una última cosa: no intentes conocer el sentido de la vida, conoce la vida a través de tus sentidos.-

Hola Anne de 18 años, soy la de 23. Se me olvidó decirnos que éramos la puta hostia.

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