El futuro que ya es presente

Son las 22.01 del primer miércoles del mes de marzo. Estoy frente al ordenador, con una cerveza que ya está calentorra y con un cigarro que se ha apagado hace por lo menos 10 minutos. Mi madre duerme, si me viera fumando en mi cuarto me echaría la bronca, aunque si supiera lo feliz que me hacen estos momentos, se alegraría. Suena una de mis playlists favoritas en el altavoz que me compré la semana pasada. Lo compré pensando en llevarlo de fiesta pero me dio miedo perderlo y me compensa más tenerla aquí, ahora.  

Acaba de hablarme una antigua compañera de universidad por Instagram. Me ha mandado un vídeo de una cuenta, le he dado me gusta a su mensaje y ella me ha pedido que le siguiera. Resulta que es para un trabajo de una agencia de marketing. Tenía que llegar a los 200 seguidores antes del viernes y ¡adivinad quién ha sido la follower number 200! 

A veces pienso en mis compañeros. Hablo con algunos, otros me salen en Linkedin o veo lo que comparten por Instagram, me conmueve verles dar sus primeros pasos profesionales. Cuando me llamaron para la entrevista de trabajo se me pasaron los 5 años de carrera delante mis ojos. ¿Sabéis eso de que dicen que cuando te mueres ves como una ráfaga de toda tu vida? A mí me pasó algo parecido. Primero me acordé de cuando me despedí de Teo al irme a Madrid y luego le siguieron un montón de personas y momentos. Una de las cosas que más me llamó la atención de ese flashazo de recuerdos fue que ninguna persona ni circunstancia de lo que recordé seguía en mi vida. Es como si mi cerebro me quisiera recordar que nadie ni nada se repite, como si me dijese: aprovecha esto porque acabará. 

Pensé que terminar no es sinónimo de pérdida, que los recuerdos me acompañan siempre que quiera mantenerlos vivos y entonces me di cuenta de que mi presente es el futuro con el que llevaba fantaseando durante años. Recordé las veces en las que puse mi sueño en un segundo plano y agradecí con los ojos agresivamente cerrados que siguiera creyendo en que ese era mi mayor propósito. 

No pude despedirme de todos mis compañeros porque las medidas restrictivas tumbaron nuestras ganas de hacer una fiesta de graduación en condiciones. Este año se celebrará mi graduación pero yo no estaré porque no llegué a apuntarme. Os diría que fue por un simple despiste pero la verdad es que no me sentí capaz de encontrarme con el pasado de frente. 

Siento que los últimos años fueron un sueño. No percibo esa época como parte de mí, mis recuerdos son como viajar hacia las memorias de alguien ajeno. Como si los robase, como si nunca me hubiesen llegado a pertenecer del todo. 

Pensando en mis compañeros me vinieron varias personas a la cabeza y me iba acordando de cuando comentaban sus fantasiosas futuras vidas profesionales. Algunos querían ser periodistas deportivos o escribir libros Best Sellers y otros soñaban con que algún día el mismo Tarantino les pediría un autógrafo a la salida de sus extravagantes estrenos. Deseé que estuvieran un poco más cerca de sus metas, de camino hacia esas aspiraciones. 

No os voy a mentir, me vinieron a la mente dos personas que nada tienen que ver con los estudios ni compañeros de uni y enseguida se apropiaron de un protagonismo que eclipsó a mis classmates. Entre las dos, fue una quien prevaleció. Durante largos minutos, horas; todo el día.

Fue la única persona con la que planeé un mañana. Recordé que le decía “llegaré de trabajar cansada pero te haré la cena, tú fregarás mientras yo preparo la bañera y follaremos en la ducha para ahorrar tiempo. Trabajaremos de lunes a viernes como dos robots, esperando ansiosamente los findes y juntas nos convertiremos en las personas aburridas que viajan a Benidorm durante nuestras dos únicas semanas de vacaciones”. Nos solíamos descojonar del futuro. El futuro que se está convirtiendo en mi presente y un futuro del que no formo parte. 

Quería decirte que mi próximo viaje no será Benidorm, que no creo que vuelva a pisarlo jamás. Que ahora solo me baño para bajar mis pulsaciones y no para acelerarlas y que mis de lunes a viernes son mucho más apasionantes que los findes. Que recuerdo tus sueños como si fueran míos y deseo con todas mis fuerzas que sigan siendo tu prioridad. Que recuerdo lo prometido y siento no haberlo cumplido y que desde la distancia te digo a ti y a todos mis compañeros que espero que el futuro soñado se haya convertido en un presente que aplaste lo imaginario.

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